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Roberto Canessa: “No te sientes a esperar los helicópteros, hay que ir a buscarlos caminando”


.- Redacción

Roberto Canessa, uno de los supervivientes del accidente en la cordillera de los Andes en 1972, en el que se basa la película ‘La sociedad de la nieve’, compartió lo aprendizajes de esta experiencia durante su visita a HIP – Horeca Profesional Expo.

Su capacidad para enfrentar adversidades y su dedicación a la medicina lo han convertido en un ejemplo de resiliencia, superación, trabajo en equipo y toma de decisiones, aspectos que son fundamentales hoy para cualquier empresa.

La resiliencia, la clave para sobrevivir

“Mi experiencia está plagada de aprendizajes que se pueden aplicar a todos los aspectos de la vida. Quizá el primero, y algo que ya descubrí antes del accidente, es que la vida no es justa”. Sin embargo, Roberto Canessa puso en valor la resiliencia como valor esencial en este mundo en imprevisible y en constante cambio: “entendí que en la vida hay ocasiones en las que hay que saber adaptarse a cualquier circunstancia, tomando decisiones rápidas. Solo tienes que encontrar el por qué cuando vas a hacer algo”. Es por este motivo que “decidí comer la carne de mis compañeros en la montaña pensando en mi madre, y en que tenía que poder llegar a decirle que seguía vivo y aliviar el sufrimiento”.

El también cardiólogo trató la diferencia entre las percepciones que se dan entre las personas que viven algo y las que observan desde fuera. “Y es que al igual que para todos los que conocemos la historia, el hecho de que los supervivientes nos hubiéramos alimentado de los cadáveres fue lo más relevante de la tragedia, para nosotros se convirtió en algo normal del día a día, era parte de la sociedad de la nieve, y con el tiempo dejó de ser lo más duro de la experiencia”.

Relatando el momento en el que decidió salir a caminar por la montaña para intentar salvar al resto de compañeros, Canessa ha hecho un llamamiento al cambio aseverando que “en los grupos humanos somos todos diferentes, no vayas a la zona de confort, no te quedes en el fuselaje”. Tras varios días de expedición y ya exhaustos llegaron a la cima que creían que era su meta, “pero nos dimos cuenta de que todavía quedaban varios picos más que subir”. “Allí aprendimos que a veces la cima no está donde tú crees, está donde se le antoja, y además en el camino pasan cosas que no están en tus cálculos, pero hay que saber adaptarse de nuevo”.

Al final de su camino, cuando por fin ven a un arriero que va a por ayuda, al que nadie cree por lo inverosímil de su historia, recordó “todas las veces que tenemos que hacer grandes esfuerzos para que crean en nosotros. Todas las veces que tenemos que ser arrieros”.

Las cinco grandes lecciones de vida que aprendió en esos 72 días en la nieve:

  • “No te sientes a esperar los helicópteros, hay que ir a buscarlos caminando”.
  • “Aprende a diferenciar entre problemas y obstáculos, porque no todo son problemas”.
  • “En la vida tiene que haber 8 horas de trabajo, 8 horas de sueño y 8 horas de crecimiento personal, porque la vida pasa. Cada momento de la vida tiene algo para vivir”.
  • “Todos tenemos mucho más de lo que necesitamos y hacemos menos de lo que podemos. Tenemos que saber que tenemos la posibilidad de hacerlo”.
  • “Cuando piensas que no puedes estar peor, a veces te cae un alud, y a veces, encuentras un arriero”.

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